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Los Yamisk y los dioses

martes, 1 de febrero de 2011


Mi amigo Lauviah sigue contándome cosas de los Yamisk. Dice que son unos seres absurdos porque son a la vez inteligentes y tontos. Yo no sé si hacerle caso a Lauviah, porque como no somos de la misma especie, a veces me cuenta cosas que no consigo entender. Mi amigo me cuenta que los Yamisk tienen tres dioses. Como no le entiendo, me lo explica: el pueblo de los Yamisk está dividido en tres, o mejor dicho, en cuatro, si hablamos de creencias en seres superiores. Unos creen en un ser superior, llamémosle dios, al que llaman Samaw. Es un dios que promulga la bondad, el respeto a los demás y la generosidad entre todos. Dice Samaw que no hay que buscar las riquezas materiales, sino espirituales, pero sus seguidores lo interpretan como les da la gana. El otro dios, al que adoran otros muchos Yamisk, se llama Kwara. Si estudias sus enseñanzas, te das cuenta que Kwara dice lo mismo que Samaw, pero en otro idioma. Rurkv es el tercer dios en discordia, y cuando escuchas a sus seguidores, parece un calco de los dos anteriores. También hay algo que se repite, y es la intransigencia con la que se tratan los seguidores de cada uno de los dioses con los de los demás. Lauviah, mi amigo, me dice que el cuarto grupo (los que no creen en nada), tampoco son mejores que los creyentes, porque dedican la mayor parte de su tiempo a opinar sobre los tres dioses, sólo por fastidiar al resto de los Yamisk, cuando en realidad deberían ocuparse de sus asuntos. Lauviah, como conoce al verdadero dios de los Yamisk, dice que más les valdría ser sensatos. Yo no he visto a Lauviah enfadado, pero Haiayel sí, y me dijo que más vale no provocarle. 




El mundo de los Yamisk

martes, 25 de enero de 2011


Verdaderamente los Yamisk son muy raros. Raros y un poco tontos, para ser exactos. Los Yamisk llevan en su mundo desde hace unos pocos millones de años, menos que la mayoría de las especies que lo habitan , pero se creen que su mundo es suyo, de su propiedad, y de nadie más. Los Yamisk también creen que las demás criaturas de su mundo son suyas, y hacen con ellas lo que les apetece. No se dan cuenta de que su mundo es tan suyo como de las demás criaturas, que no porque sus jefes canten muy bien tienen derecho a matar a todo bicho viviente. Por eso, algunos días, se arman de piedras y palos y se dedican a matar a los demás habitantes del planeta. Antes lo hacían para comérselos, pero ahora ya no. Ahora los matan por pura estupidez. Los Yamisk se creen que como no entienden el lenguaje de las demás criaturas, las demás criaturas son bobas. Y los que son bobos de remate son los Yamisk. Habría que hacer algo con ellos, porque si no van a cargarse su mundo. Pobres Yamisk y pobre mundo.



Los Yamisk

viernes, 21 de enero de 2011


El mundo de los Yamisk está en decadencia. En el mundo de los Yamisk hay dos grupos; bueno, hay muchos grupos, pero dos son los principales.  Por una parte están los de delante y por otro están los de detrás. Los de detrás siempre critican a los de delante y éstos aprovechan cualquier oportunidad para meterse con los de detrás, no vaya a ser que se crean importantes. Mientras tanto, en el mundo de los Yamisk se está poniendo el sol. No quiero decir que se haga de noche, sino que se está pudriendo para siempre. El mundo de los Yamisk era un paraíso, pero ellos sólo se preocupan de luchar unos con los otros, por lo que han convertido todo en un basurero. A veces mandan los de delante y a veces mandan los de detrás, según deciden ellos mismos. Los Yamisk no quieren que manden los que más saben, sino los que mejor cantan. Cuando van a cambiar a los que mandan, los que quieren sustituirles están durante un mes cantando serenatas por las aldeas, y el que mejor canta es normalmente el que luego manda. Ninguno de los que canta sabe mandar, pero cuando hace algo mal, sale a cantar un rato y todo el mundo se calma. El mundo de los Yamisk es muy raro, nadie lo entiende. 


Estrella

viernes, 1 de octubre de 2010

Vivía sola y dormía sola, todos la mimaban.

Cuando viene el mozo por las mañanas y le desenreda el pelo y a mano repasa su vientre redondo y pleno, como de andaluza, de éstas que cantan y cantgan coplas ¡lomas de la patria mia, tierras de semilla fecundar! acuden muchos. Es muy bella.

Le gusta que la monte su mozo y correr luego ellos por la pradera, casi al alba.

En esto cayó la tarde. Entró él, la besó entre los ojos.

Te traigo agua rica y fresquita, belleza. El domingo corres en Lasarte, me acabo de enterar.

Relinchó ella, Estrella.

(Julio Cerón ABC 19/07/91)

Superautomática

jueves, 30 de septiembre de 2010

  


Esto que os voy a contar sucedió hace dos veranos, en medio de la llanura de Castilla, en agosto, mientras viajábamos hacia el norte en busca de playa y descanso. Era un día caluroso, típico de esas fechas, y el cielo tenía lo que mi mujer y yo llamamos aspecto de “día antiguo”. No sabría explicarte bien en qué consiste, simplemente parece que el cielo ha retrocedido muchos años, que se ha convertido en una foto de sí mismo, pero sacada hace varias décadas. Suele suceder a finales de agosto o primeros de septiembre y es en esos días cuando, si te fijas bien, puedes ver lo extraño que es este universo en el que vivimos. El problema  es que el ser humano es extremadamente tonto y, además, increíblemente soberbio y desmemoriado. Si fuéramos capaces de prestar atención a lo que vemos, si consiguiéramos retener en la memoria algo más que las cuatro tonterías que suelen ocupar nuestros pensamientos, nos daríamos cuenta de que somos nada y de que pasamos por la vida como si estuviéramos aquí provisionalmente, cuando hay mil cosas interesantes de las que ni nos enteramos.

El caso es que nos tomábamos el viaje con calma, habíamos salido pronto e íbamos sobrados de tiempo, por lo que aprovechamos para observar el paisaje que, en otros viajes más acelerados, pasaba por nuestro lado sin que, en realidad, viéramos nada. Mirábamos, pero no veíamos.

La primera en darse cuenta de aquello fue la amiga de una amiga que se nos había adosado a última hora, ya que la huelga de autobuses que sufríamos desde hacía quince días le impedía llegar a Santander, donde vivía su familia. O eso decía ella, porque los trenes y aviones funcionaban perfectamente. Pero es que hay gente de autobuses, como hay gente de trenes, aviones o bicicletas. Y para ellos, cambiar el medio de transporte que tienen asignado para su vida se convierte en un auténtico drama. Mi tía Pilarín, por ejemplo, jamás subió a un vehículo que no fuera un autobús de La Mediterránea. Lo gracioso del tema, lo raro, y que nadie se ha molestado en estudiar, es que La Mediterránea sólo iba a Valencia  y ella sin embargo se recorrió casi toda España en unos pocos años. ¿Cómo fue eso posible? Ni idea, por más que lo pienso no se me ocurre una solución, pero ya sabéis que últimamente ando un poco cansado y razono con dificultad.