Días extraños I (y medio)

lunes, 30 de julio de 2012

Vaaale, parece que a algunos os ha gustado... ahí va la segunda parte del primera capítulo.


De todo aquello sólo quedó para el recuerdo el extraño funeral del caniche de los de Teruel, que murió durante el suceso, y al que asistió el obispo de nuestra diócesis y un alto dirigente escandinavo al que nadie conocía ni había invitado. La gorda, la dueña del caniche, dijo que el bicho (el pobre perro, me refiero) había muerto en el incidente del susto, que le había provocado un paro cardíaco. Pero no era cierto y eso sí lo comentamos mucho en casa: vimos al perro morir aplastado bajo las nalgas de la foca de su ama, que resbaló mientras intentaba huir del planeador-espectro, cayendo estrepitosamente encima del pobre animalito. Yo creo que no sufrió, el perro, debió ser todo muy rápido, no le dio tiempo ni a enterarse. Si te caen diez toneladas de carne de ballena encima, debes morir al instante y sin darte tiempo a pensar:”joder, me cago en los de Greenpeace”, ¿no? Pues lo mismo seguramente le pasó al chucho. ¿Vosotros creéis que mientras se espachurraba bajo el culo de su ama, pensaba algo?¿Pensáis que su pequeño cerebro decía para sí: “Mira qué asssco de tía, menudo culo más gordo y asesino, aguantarla tanto tiempo para esto”? Pues no, fijo que no. Coño con la gorda, pues dices que has aplastado al animal sin querer y santas pascuas. Qué ganas de mentir, de intentar engañar a los demás, de verdad.

Bueno, centrémonos, ¿por dónde iba? Ah, si, por lo de que el mundo se había puesto rarito.

En mi caso particular las cosas iban bien, demasiado bien para lo que solía ser habitual en mí. A ver, no penséis mal: siempre me he creído un tío con suerte. Creo que nací con más inteligencia de la normal (eso tampoco es difícil), algo que, sin embargo, muchas veces es un grave inconveniente ante la estupidez que te rodea. Y es que, como decía alguien: ante la estupidez, los propios dioses están indefensos. Siempre me he visto en inferioridad de condiciones ante los estúpidos. No tienen razón, no dicen más que sandeces y/o mentiras,  pero se creen lo que dicen y lo defienden mientras te miran con cara de suficiencia. Es muy complicado intentar hacer razonar a un estúpido, sobre todo porque no escuchan.  Un sucedido a modo de ejemplo: recuerdo cierta vez que una amiga de mi mujer, una tipa insoportable que se llamaba Adelaida o Amelia o algo así, vino a casa para pasar la tarde con su marido, un informático incluso más tonto que ella, pero con la ventaja de que se creía tan por encima de los mortales que ni hablaba (eso que ganábamos todos).


El caso es que la tal Amalia, o como se llamase, sostenía que había que obligar a los niños a leer con muy poca luz, casi en penumbras, para que se acostumbraran los ojos. Yo no soy oftalmólogo ni me importa una mierda el tema, pero creo, y así le dije, que lo que decía era una sandez, sobre todo porque no veía la necesidad de forzar de esa manera los ojos de un niño sin necesidad ninguna.

La tía ésa, que por cierto ni tenía niños ni sabía lo que eran, sostenía lo contrario y, lo que es peor, para apoyar su estúpida tesis salpicaba sus explicaciones con frases como “pero qué tonterías dices…”, “habrás leído tú muchos libros de pediatría…”, “tú qué sabrás…”, mirando con risitas a su marido, el mudo gilipollas, dejando claro lo listos que eran ellos y lo que les costaba sobrevivir en un mundo tan ignorante.
Después de intentar razonar con esa burra durante media hora, pensé que lo mejor era darle la razón. ¿Para qué perder más tiempo intentando educar a una idiota? Quizás lo mejor, aunque cruel, será que si algún día (Dios no lo quiera) la parejita ésta tienen descendencia, les dejen cegatos por falta de luz, y aprendan a escuchar y a razonar. Lo malo es que, como siempre, pagará el que menos culpa tiene… ¿entendéis lo que quiero decir? Lo dudo, pero sigamos.

¿Parece que me pongo demasiado rabioso con gente a la que no habría que hacerle ni caso? Sí, es posible, quizá lo mejor sería ignorarles. Pero ¿por qué siempre se van de rositas? ¿Por qué los estúpidos y los maleducados siempre imponen su razón? Yo por lo menos tengo esa sensación.  Conocí hace años a un individuo, seguramente el ser con menos educación de la creación. Este pedazo de asno metido en un cuerpo humano despreciaba y maltrataba sistemáticamente a todo ser humano que se le acercara, a no ser que el ser humano en cuestión se arrastrara ante su presencia y le alabara, momento en el que pasaba a formar parte de su rebaño de esbirros. Pues este ser inmundo acabó forrado de pasta, dirigiendo una gran empresa, a costa de maltratar a sus semejantes y de decir impertinencias cada vez que abría el hocico. ¡Y nadie le contestaba nunca, coño! En parte por miedo a que te soltara un guantazo, pero también porque este tipo de especimenes usan la educación ajena como escudo contra su zafiedad. Saben que poca gente es capaz de hacerles frente, de ponerse a su altura (a su bajura, mejor dicho) y eso les hace más fuertes.

Pensándolo bien, que les den mucho por saco. No merece la pena perder más tiempo con gente  tan borde y tan prepotente. Ése es el problema, por lo menos uno de mis problemas: damos importancia a gente que no merecería ni que nos acordáramos de que existen. A mi perra Pepi no le consulto las cosas ni le hago caso casi nunca, porque soy consciente de sus limitaciones (aunque la verdad es que a veces pienso que la infravaloro). Pues con estos tipos lo mismo: a las hormigas no se les pide consejo para hacer centrales nucleares. A tomar por culo.

Centrándonos de nuevo: las cosas no me iban mal del todo, aunque había algo raro en el aire, algo que provocó la historia que os voy a contar.

Ahí va.

1 comentarios:

nina dijo...

mola, seguro q cuando la publiques sera 1 exito